miércoles, enero 24, 2007

 

Mercado laboral rompe con el prejuicio hacia las carreras técnicas

PSU no define el único camino: Los jóvenes, según los expertos, tienen el emprendimiento en sus genes y los conocimientos técnicos pueden ser una buena base para generar empresas de outsourcing.

El Mercurio Lunes 15 de enero de 2007

Su corta duración, la adaptabilidad de sus mallas curriculares y su rentabilidad, las hacen ganar terreno frente a las tradicionales alternativas que ofrecen las universidades.

A la hora de definir el futuro académico, muchos factores son puestos en la balanza que determinará cuál es el camino a seguir. Tradición, prestigio y estatus poseen un gran peso que inclina la báscula hacia las aulas universitarias. Pero la educación superior ofrece otras posibilidades laborales más rentables que la vía acotada por la PSU.

Corta duración, mayor porcentaje de titulados y remuneraciones que igualan e incluso superan a las que ofrecen algunas carreras universitarias -además de un proceso de admisión que no considera los puntajes de la PSU- transforman a los Centros de Formación Técnica y a los Institutos Profesionales en una opción que deja de ser la "alternativa" de los que, a 24 horas de conocerse los resultados de las postulaciones a las universidades tradicionales, no quedaron en la carrera escogida.

"Existe el mito muy difundido de que lo más importante desde el punto de vista social y de ingresos es tener una carrera universitaria", señala Patricio Meller, académico de la Facultad de Ingeniería Industrial de la U. de Chile y parte del equipo que creó el sitio www.futurolaboral.cl. Como tal, posee datos suficientes para afirmar que el mercado laboral "va a cambiar los prejuicios anti carreras técnicas".

"Los CFT ofrecen una preparación más acorde a lo que está pidiendo el mercado. La demanda va regulando lo que se enseña en ellos, en cambio las universidades funcionan con la idea de que ellas definen lo que se enseña en las carreras", menciona Meller como un factor que pesa en este nuevo escenario favorable a los técnicos.

Empresa propia

"Dependiendo de su personalidad, un técnico puede tener una gran capacidad de generar empresas propias a partir de las herramientas que domina", apunta José Miguel Benavente, investigador de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile y especialista en innovación tecnológica en las Pymes. Un camino natural sería ingresar a una empresa y observar los requerimientos del mercado, para después lanzarse con el negocio propio en el rentable mundo del outsourcing o asesorías técnicas a empresas más grandes.

"Un punto a favor de las carreras técnicas es que hoy los jóvenes parecen llevar el tema del emprendimiento en sus genes", dice el economista, que sostiene que "alguien que hace su propia empresa a partir de conocimientos específicos, termina ganando mucho más que cualquier ingeniero o abogado que trabaje como profesional".

Las cifras que maneja María del Pilar Álamos, jefa del Departamento de Centros de Formación Técnica del Mineduc, hablan de 19% de matriculados en CFT , lo que transforma a Chile en un país con una proporción de 5 profesionales universitarios por cada técnico calificado. "Esta gran diferencia hace que la desproporción entre profesionales y técnicos sea un tema importante", afirma la representante de la institución.

La especialización es fundamental cuando se miran los sueldos y, según afirma Daniel Uribe, de la División de Educación Superior del Mineduc, "en algunas carreras técnicas se puede apreciar que existen menciones de algunas especialidades que al ser más o menos escasas, ciertamente tienen una retribución importante en los salarios".

Un buen ejercicio, en este sentido, es ver cuán dispersa es la carrera, o sea, cuánto "podría" llegar a ganar un técnico que está en una parte alta de la distribución de sueldos, datos que están a la mano en el sitio www.futurolaboral.cl.

A darse la "lata"

A la hora de seleccionar la institución donde se estudiará, un aspecto fundamental es, en palabras de Patricio Meller, "darse la lata de investigar cómo es el CFT al cual se está postulando", ya que al igual como ocurre con las universidades, la casa de estudios es un factor que será determinante en el éxito laboral.

Un buen método en este sentido es, según Meller, "hablar con egresados de las carreras y visitar las instituciones, para ver que detrás del nombre del lugar haya un edificio, laboratorios e instrumentos tecnológicos en caso de ser necesario".

Para eso aún hay tiempo, ya que la mayoría de los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales cierran sus procesos de admisión los primeros días de marzo. Algunos con matrícula por orden de llegada.

"5 profesionales universitarios por cada técnico, existen en Chile."

DÓNDE Y PARA QUÉ

"Hay que tener cuidado de dónde se elige estudiar la carrera, porque las diferencias de sueldo pueden ser superiores al doble. A ello hay que sumar las características de la persona, que son determinantes".
Patricio Meller, www.futurolaboral.cl

"Las empresas se han dado cuenta de que no necesitan a un ingeniero, porque no les reporta tanta utilidad. Buscan mano de obra calificada en términos técnicos, que realmente sirva para solucionar problemas".
José Miguel Benavente, Facultad de Economía Universidad de Chile.


martes, enero 23, 2007

 

Demanda de profesionales. En la sociedad del conocimiento, el título no basta como generador de riqueza.


EDITORIAL

El Sur,

Martes 23 de enero de 2007


  • En una economía abierta, y por ende dinámica, la mano de obra calificada -al igual que la no calificada- está sujeta a los vaivenes del mercado.

El interés por ingresar a la universidad ha crecido ostensiblemente desde la década de los ochenta, pero sobre todo en los últimos años. En 2006, más de 242 mil personas se inscribieron para rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU), un 30% más que en 2005.
Aunque ello en parte se debe a que el año pasado el gobierno entregó 167.000 mil becas para participar en el examen, el aumento de matriculados entre 2003 y 2005, de cerca de 380 mil a 462 mil, confirma que se trata de una tendencia cada vez más pronunciada.
Al mismo tiempo, que el número de matriculados en los institutos profesionales aumentara de cerca de 100 mil a 114 mil en el período y que en los centros de formación técnica la cifra se mantuviera en torno a los 62 mil confirma que para la inmensa mayoría de los chilenos la universidad sigue siendo la primera opción al postular a la enseñanza superior.
De allí la paradoja de que por cada cinco estudiantes universitarios hay dos de institutos profesionales y uno de centro de formación técnica, cuando en los países desarrollados se da la relación inversa y aún más pronunciada a favor de los segundos.
Según algunos analistas, esto tiene dos efectos. El primero, una sobreoferta de universitarios, que llevaría a la “saturación” del campo laboral en periodismo, ingeniería comercial, sicología y derecho -por citar algunas-. Y el segundo -derivado del anterior-, una caída en las remuneraciones de esas y otras carreras en un momento llamadas “de tiza y pizarrón”.
Sin embargo, un análisis más profundo del fenómeno lleva a otra conclusión: en una economía abierta, y en consecuencia dinámica, la mano de obra calificada -al igual que la no calificada- está sujeta a los vaivenes del mercado.
Lo anterior significa que el estatus de los egresados de una carrera variará de acuerdo al volumen de demanda de ese servicio, la calidad con que se preste y las plusvalías que brinde al cliente. Por ende, la inversión de una familia en una carrera de enseñanza superior no garantiza un empleo al egresar, menos el logro de un ingreso estándar.
En la sociedad del conocimiento, el título no basta como generador de riqueza. El liderazgo y la innovación sobre la base de los conocimientos aprendidos y las destrezas desarrolladas durante la enseñanza superior -y, por cierto, luego de ella- son cada vez más determinantes en el éxito profesional.
Lo anterior obliga a que la institucionalidad existente progrese en dos sentidos.
Uno, brindando información cada vez más completa a los postulantes. Y dos, acortando la duración de las carreras y dotándolas de mallas curriculares más dúctiles, que faciliten el emprendimiento y la obtención de menciones en otras áreas del conocimiento.
Si bien el primer objetivo se está cumpliendo en parte con el sistema de acreditación, los ránkings de universidades y el observatorio del empleo -que ofrece una panorámica laboral de 100 carreras-, los planteles deben avanzar hacia una mayor transparencia. Por ejemplo, a través de un seguimiento de sus egresados que permita conocer el tiempo de inserción en el mercado laboral, el nivel de ingreso, el lugar de desempeño y el tipo de tarea realizada.
Esa información es vital no sólo para el alumnado y los postulantes, sino también para la propia entidad educacional. Y es que ello le permitiría monitorear con precisión el tipo de profesional que va demandando el mercado y las nuevas competencias que se exigen tanto a nivel regional como nacional y mundial.


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