lunes, diciembre 04, 2006
Profesionales en la nueva economía
Los egresados de la enseñanza superior deben estar preparados para aplicar sus conocimientos transversalmente, además de contar con la disposición y destrezas necesarias para autogestionar empleo.
La cesantía ilustrada es un fenómeno complejo, cuyos primeros efectos se comenzaron a sentir en Chile a principios de los noventa, principalmente a partir de la masificación de las carreras “de tiza y pizarrón”, como periodismo, sicología, ingeniería comercial y derecho. No cabe duda que la crisis asiática, que hizo que el crecimiento del PIB cayera a -0,8% en 1999, tras una década promediando 7,5%, impactó tanto al capital humano sin estudios superiores como a las nuevas generaciones de profesionales. Y si bien en los años siguientes la economía repuntó, la llamada “saturación” de campos laborales en lugar de retroceder se ha incrementado, afectando a otras áreas. Todo lo anterior hace creer que la cesantía ilustrada no es un problema coyuntural ni disciplinario, sino estructural y generalizado. En suma, que se está experimentando un desacople entre la oferta de egresados de la enseñanza superior y la demanda de mano de obra en el sistema productivo, debido a un enfoque educacional que promueve la formación de empleados altamente calificados, pero no incentiva el liderazgo y el emprendimiento individual. Por lo tanto, debatir el tema es clave para el país, y sobre todo para la capital penquista, reconocida como “ciudad universitaria” por contar con 12 planteles de este tipo y una veintena de institutos profesionales y centros de formación técnica. Diversos datos justifican un análisis localizado del problema. Uno, la Región del Biobío tiene la tasa de desocupación más alta de Chile (10,5%); de hecho, sólo en la comuna de Concepción ésta llega al 10,7%. Dos, una encuesta de empleo aplicada en septiembre por Corbiobío a 825 personas reveló que el 15,3% de los desempleados es un joven profesional. Y tres, un estudio de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Concepción, realizado para Chilecalifica y difundido en el primer semestre, mostró que al año egresan unos 17 mil jóvenes de las instituciones de educación media, técnica y superior de la zona, pero la economía regional sólo requiere los servicios de unos 7 mil. Tales antecedentes demuestran cuán necesario es que los planteles regionales realicen una profunda introspectiva a su labor. Universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica deben entender que no pueden seguir titulando a jóvenes de perfil laboral rígido, que ejecuten tareas rutinarias en las enormes estructuras organizacionales de antaño. Los grandes nichos productivos de la zona -como el forestal, el pesquero, el metalmecánico y el petroquímico- han alcanzado una madurez tal que ya no demandan el volumen de puestos de trabajo que los caracterizó hasta la década de los ochenta. Del mismo modo, la industria de servicios -sobre todo el ámbito financiero- y el aparato burocrático ya no son los llamados a absorber a los egresados de carreras del sector terciario. En la nueva economía, la inestabilidad laboral es la constante (en Estados Unidos, un jubilado ha tenido en promedio nueve empleos durante su vida). Por lo tanto, la flexibilidad profesional no es una plusvalía, sino un requisito para la supervivencia. Los egresados de la enseñanza superior deben estar preparados para aplicar sus conocimientos transversalmente, además de contar con la disposición y destrezas necesarias para autogestionar empleo, crear sociedades, diseñar proyectos de negocios y prestar asesorías. Y es que de poco sirve apoyar a las pymes facilitándoles el acceso al crédito o disminuyendo las trabas burocráticas, si ello no va precedido de un fuerte impulso a la cultura emprendedora desde las aulas.
Fuente: Diario El Sur, Editorial 19-10-2006.
La cesantía ilustrada es un fenómeno complejo, cuyos primeros efectos se comenzaron a sentir en Chile a principios de los noventa, principalmente a partir de la masificación de las carreras “de tiza y pizarrón”, como periodismo, sicología, ingeniería comercial y derecho. No cabe duda que la crisis asiática, que hizo que el crecimiento del PIB cayera a -0,8% en 1999, tras una década promediando 7,5%, impactó tanto al capital humano sin estudios superiores como a las nuevas generaciones de profesionales. Y si bien en los años siguientes la economía repuntó, la llamada “saturación” de campos laborales en lugar de retroceder se ha incrementado, afectando a otras áreas. Todo lo anterior hace creer que la cesantía ilustrada no es un problema coyuntural ni disciplinario, sino estructural y generalizado. En suma, que se está experimentando un desacople entre la oferta de egresados de la enseñanza superior y la demanda de mano de obra en el sistema productivo, debido a un enfoque educacional que promueve la formación de empleados altamente calificados, pero no incentiva el liderazgo y el emprendimiento individual. Por lo tanto, debatir el tema es clave para el país, y sobre todo para la capital penquista, reconocida como “ciudad universitaria” por contar con 12 planteles de este tipo y una veintena de institutos profesionales y centros de formación técnica. Diversos datos justifican un análisis localizado del problema. Uno, la Región del Biobío tiene la tasa de desocupación más alta de Chile (10,5%); de hecho, sólo en la comuna de Concepción ésta llega al 10,7%. Dos, una encuesta de empleo aplicada en septiembre por Corbiobío a 825 personas reveló que el 15,3% de los desempleados es un joven profesional. Y tres, un estudio de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Concepción, realizado para Chilecalifica y difundido en el primer semestre, mostró que al año egresan unos 17 mil jóvenes de las instituciones de educación media, técnica y superior de la zona, pero la economía regional sólo requiere los servicios de unos 7 mil. Tales antecedentes demuestran cuán necesario es que los planteles regionales realicen una profunda introspectiva a su labor. Universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica deben entender que no pueden seguir titulando a jóvenes de perfil laboral rígido, que ejecuten tareas rutinarias en las enormes estructuras organizacionales de antaño. Los grandes nichos productivos de la zona -como el forestal, el pesquero, el metalmecánico y el petroquímico- han alcanzado una madurez tal que ya no demandan el volumen de puestos de trabajo que los caracterizó hasta la década de los ochenta. Del mismo modo, la industria de servicios -sobre todo el ámbito financiero- y el aparato burocrático ya no son los llamados a absorber a los egresados de carreras del sector terciario. En la nueva economía, la inestabilidad laboral es la constante (en Estados Unidos, un jubilado ha tenido en promedio nueve empleos durante su vida). Por lo tanto, la flexibilidad profesional no es una plusvalía, sino un requisito para la supervivencia. Los egresados de la enseñanza superior deben estar preparados para aplicar sus conocimientos transversalmente, además de contar con la disposición y destrezas necesarias para autogestionar empleo, crear sociedades, diseñar proyectos de negocios y prestar asesorías. Y es que de poco sirve apoyar a las pymes facilitándoles el acceso al crédito o disminuyendo las trabas burocráticas, si ello no va precedido de un fuerte impulso a la cultura emprendedora desde las aulas.
Fuente: Diario El Sur, Editorial 19-10-2006.