lunes, diciembre 04, 2006
Es necesario que la masa crítica que se forma en la universidad proponga ideas, pero también sepa cómo aterrizarlas, promoverlas y venderlas
Concepción, Chile, sábado 7 de octubre de 2006
EDITORIAL DIARIO EL SUR
Cambios productivos
Es necesario que la tan mentada masa crítica que se forma en nuestros centros de enseñanza superior proponga ideas, pero también sepa cómo aterrizarlas, promoverlas y venderlas.
La del Biobío es una región de contrastes. Prueba de ello es que en julio las exportaciones crecieron un 50,2% respecto al mismo período de 2005 y que el desempleo llegó a 10,5%, el más alto del territorio. También lo es que mientras su capital goza de prestigio como ciudad universitaria -avalado por la presencia de 12 planteles y más de veinte institutos profesionales y centros de formación técnica-, su tasa de analfabetismo (6,3%) supera con creces el promedio nacional (4%). Por último, otro botón de muestra, no menos revelador: mientras la entrada en operaciones de las plantas de celulosa Santa Fe y Nueva Aldea promete convertir a Chile en el tercer productor mundial de este commoditie en 2007, el crecimiento económico de la zona sigue muy por debajo del resto del país (4,1% frente a 6,3% en 2005). Frente a estas abismantes diferencias, no se puede seguir de brazos cruzados. El hecho que las industrias maduras (silvícola, pesquera, petroquímica y metalmecánica) concentren más del 93% de los envíos al exterior confirma que hay que impulsar con fuerza nuevos nichos productivos, más intensivos en mano de obra y de mayor valor agregado. Por un lado, tal demanda obedece a la necesidad de aumentar la productividad regional y combatir un desempleo cuyas características estructurales son cada vez más visibles. Lo ratifica la cesantía en Lota (15,4%), pese a los dos programas de reconversión aplicados desde 1997; la intervención gubernamental de Talcahuano y Coronel a través del Plan Más Trabajo; y la elevada desocupación en Tomé (15,4%). Por otro, cambiar la perspectiva se condice con un entorno internacional dinámico, donde la mayor parte de las grandes corporaciones han pasado a convertirse en estructuras descentralizadas, desterritorializadas y compuestas por cientos de células de menor envergadura (la externalización de servicios en el ámbito financiero, la industria informática y farmacéutica e incluso la académica lo corroboran). Dado que las enormes organizaciones piramidales y garantes de empleos de por vida en tareas rutinarias están dando paso a estructuras de redes más pequeñas y flexibles, que generan productos innovadores y ajustados al cliente, es lógico pensar que una región abierta al mundo como la nuestra debe asimilar de lleno ese paradigma. Y no sólo para diferenciarse positivamente de sus pares, sino ante todo para subsistir en la nueva economía. Proyectos como la Plataforma Logística, la Ciudad del Plástico, el Polo Biotecnológico y el Biobío Convention Bureau demuestran que las ideas sobran. Sin embargo, el hecho que varias de ellas estén sobre las parrillas programáticas del gobierno y en boca del empresariado hace años, sin que aún se vean grandes resultados, nos recuerda que es indispensable apurar el paso y en paralelo apoyar otros emprendimientos. En efecto, no basta con que la región tenga condiciones geo y oceanopolíticas envidiables, una creciente red de comunicaciones e industrias maduras que motiven la formación de clústers. Es necesario que la tan mentada masa crítica que se forma en nuestros centros de enseñanza superior proponga ideas, pero también sepa cómo aterrizarlas, promoverlas y venderlas. Gestión y liderazgo son dos caras de una misma moneda que la Región del Biobío no puede seguir viendo por separado.
Fuente: El Sur
EDITORIAL DIARIO EL SUR
Cambios productivos
Es necesario que la tan mentada masa crítica que se forma en nuestros centros de enseñanza superior proponga ideas, pero también sepa cómo aterrizarlas, promoverlas y venderlas.
La del Biobío es una región de contrastes. Prueba de ello es que en julio las exportaciones crecieron un 50,2% respecto al mismo período de 2005 y que el desempleo llegó a 10,5%, el más alto del territorio. También lo es que mientras su capital goza de prestigio como ciudad universitaria -avalado por la presencia de 12 planteles y más de veinte institutos profesionales y centros de formación técnica-, su tasa de analfabetismo (6,3%) supera con creces el promedio nacional (4%). Por último, otro botón de muestra, no menos revelador: mientras la entrada en operaciones de las plantas de celulosa Santa Fe y Nueva Aldea promete convertir a Chile en el tercer productor mundial de este commoditie en 2007, el crecimiento económico de la zona sigue muy por debajo del resto del país (4,1% frente a 6,3% en 2005). Frente a estas abismantes diferencias, no se puede seguir de brazos cruzados. El hecho que las industrias maduras (silvícola, pesquera, petroquímica y metalmecánica) concentren más del 93% de los envíos al exterior confirma que hay que impulsar con fuerza nuevos nichos productivos, más intensivos en mano de obra y de mayor valor agregado. Por un lado, tal demanda obedece a la necesidad de aumentar la productividad regional y combatir un desempleo cuyas características estructurales son cada vez más visibles. Lo ratifica la cesantía en Lota (15,4%), pese a los dos programas de reconversión aplicados desde 1997; la intervención gubernamental de Talcahuano y Coronel a través del Plan Más Trabajo; y la elevada desocupación en Tomé (15,4%). Por otro, cambiar la perspectiva se condice con un entorno internacional dinámico, donde la mayor parte de las grandes corporaciones han pasado a convertirse en estructuras descentralizadas, desterritorializadas y compuestas por cientos de células de menor envergadura (la externalización de servicios en el ámbito financiero, la industria informática y farmacéutica e incluso la académica lo corroboran). Dado que las enormes organizaciones piramidales y garantes de empleos de por vida en tareas rutinarias están dando paso a estructuras de redes más pequeñas y flexibles, que generan productos innovadores y ajustados al cliente, es lógico pensar que una región abierta al mundo como la nuestra debe asimilar de lleno ese paradigma. Y no sólo para diferenciarse positivamente de sus pares, sino ante todo para subsistir en la nueva economía. Proyectos como la Plataforma Logística, la Ciudad del Plástico, el Polo Biotecnológico y el Biobío Convention Bureau demuestran que las ideas sobran. Sin embargo, el hecho que varias de ellas estén sobre las parrillas programáticas del gobierno y en boca del empresariado hace años, sin que aún se vean grandes resultados, nos recuerda que es indispensable apurar el paso y en paralelo apoyar otros emprendimientos. En efecto, no basta con que la región tenga condiciones geo y oceanopolíticas envidiables, una creciente red de comunicaciones e industrias maduras que motiven la formación de clústers. Es necesario que la tan mentada masa crítica que se forma en nuestros centros de enseñanza superior proponga ideas, pero también sepa cómo aterrizarlas, promoverlas y venderlas. Gestión y liderazgo son dos caras de una misma moneda que la Región del Biobío no puede seguir viendo por separado.
Fuente: El Sur